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S - primer fragmento

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Cuando mi padre estaba con nosotras, solía contarme cómo de pequeño le arrancaba las alas a los insectos. A cualquiera eso le parecería gracioso, incluso enternecedor. Para mí es nauseabundo. Y aunque todos digan “eres una tonta exagerada” no me parece. Pongo el ejemplo.

Si un niño le arrancara las alas a una mariposa, el mundo lo miraría mal “porque es una mariposa”. Si el niño le arranca las alas a una mosca, la gente se ríe “porque está lleno de moscas en el mundo”. Lo mismo la gente. Somos miles de millones, ¿qué importa que unos salgan heridos para beneficio de otros?


Soledad voluntaria - segundo fragmento

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Siempre que llego a mi casa, la encuentro vacía.

Es como un frío cascarón vacío. Es tan cómico el asunto, que al entrar y ver los muebles cubiertos de polvo –esos muebles que yo misma limpié esa mañana antes de salir- no puedo evitar dar una risotada. ¡En serio! 

Todo ese esfuerzo que puse horas atrás se ve desvanecido por el simple paso del tiempo.

Un tiempo que se implacable y que no da muestras de apiadarse de mí.

Al final, cada vez que me encuentro con mi reflejo en el espejo, veo un rostro que me es menos conocido.

Soledad voluntaria - primer fragmento

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Albinoni... Adagio in G minor...

Cuando lo escucho, creo que mi mente se tranquiliza. Dejo que las ramificaciones de mis pensamientos se expandan a todo lo que pueden dar. Los hilos que manejan el curso de mis palabras recorren los cielos como corrientes de agua.

El agua escurre, se adapta... no hay quien pueda estancarla pues, a pesar de todo, ella puede huir.

A veces, desearía ser como el agua...



... al levantar la mirada, sólo me topo con el cielo de mi habitación.

Y en la casa no se escuchan ruidos.

Hace tiempo que decidí alejarme de todos. Pero aún no puedo acostumbrarme.

Debo ser sincera: todo partió por mis anhelos egoístas de atención.

Yo sólo quería que mi madre me mirara. Mi irritación crecía día a día cuando al verla llegar del trabajo lo único que hacía era echarse en la cama y hablar por celular. Todos los días era así.

Ella se quejaba recurrentemente de  mi falta de comunicación. Pero cada vez que me quería acercar a hablar con ella, un enorme abismo se abría en medio de ambas.

Hacía mucho tiempo vivíamos solas en esa enorme casa. Mi padre había muerto. Mis hermanos eran mayores.

¿Por qué seguía allí encerrada entonces...?